Despierto al rededor de las 8:30 de la mañana. Todo el cuerpo me duele, después de caminar 30 kilómetros, el ácido láctico invadió mis piernas, hombros y espalda. Después de un rato revolcándome en la cama me levanté y me bañé. Fui al lobby a desayunar. Pedí unos chilaquiles rojos, acompañados de una taza de café negro, sin azúcar, jugo de naranja y pan. Regresé a mi cuarto, empaqué y me preparé para salir.
Minutos después pasaron por mi, una amiga que se dedicó a mostrarme sus rumbos, y me llevaron a conocer la UDLA (Universidad de las Américas), es la más cara del país hasta donde se. Debo decir que me impactaron las instalaciones, una hacienda antigua con jardines impecables y alguno que otro edificio más moderno. Después de dar una vuelta entera por el Campus, regresamos al carro y fuimos a Container City (hablé de esto en el post anterior) a tomar fotos. De día, y en domingo, la plaza estaba bastante tranquila y tenía un ambiente mucho más familiar.
Después de curiosear por el lugar, pasamos por otra persona y tomamos la carretera rumbo a Atlixco. Después de varios minutos llegamos a nuestro destino; mientras viajábamos al Centro alcanzamos a ver una modesta iglesia en lo alto de un cerro. ¿Por qué no conocerla?
Nos estacionamos y caminamos unas cuadras. En la plaza principal nos encontramos con el The Italian Coffe Company más (inserte sinónimo de chido aquí… que no suene ñoño) que he visto en mi vida. Era el Kiosko principal, uno de los más bellos que he visto en mi vida, junto con el Kiosko Morisco (en Santa María la Ribera, Ciudad de México). Entramos a hacer una breve escala técnica, compré un té verde y pregunté cómo llegar a la iglesia en el cerro; la respuesta fue: “tomas la calle del Italian Coffe Company y te sigues todo derecho, por ahí llegan” (Sí, había un Italian en la esquina frente a este).
Tomamos la calle, llegamos a unas escaleras, al final había un convento gris (que no era nuestro destino). Lo admiramos un rato y continuamos nuestro camino. Al terminar de subir las escaleras nos encontramos con un pequeño camino, chueco, hecho con ladrillos. El mayor problema que tuvimos que enfrentar fue el decidir si nos íbamos a la izquierda o a la derecha. Tomamos a la izquierda. Nos topamos con una zona bastante pobre, con casas hechas de cartón y ladrillos.
Caminábamos y caminábamos y no llegábamos a nuestro destino. Al fin encontramos unas escaleras, las subimos. Tiempo después llegamos a un extraño anfiteatro. Descansamos. No sabíamos por dónde continuar, así que decidimos subir las gradas. Al final nos encontramos con un nuevo camino y una larga subida que nos llevó a una escalera larga y empinada. Al fondo ya lográbamos ver la iglesia.
Subimos y descubrimos que era un inmueble abandonado, aun así, muy bonito. A un lado de la puerta había una placa que decía: “Capilla del Cerro de San Miguel. Data del s. XVII, Construcción de Estilo Popular. La tradición oral de la región relata que el cerro de Macuilxochiltépe (Dios del canto y la música – 5 flor), actualmente consagrado al arcángel San Miguel, originalmente albergaba un ‘Teocalli’ dedicado al Deio del Viento – Quetzalcoatl ‘La serpiente emplumada’”. Nos dedicamos a ver el paisaje y descansar un buen rato.
La bajada se nos hizo mucho más sencilla y rápida que la subida. Al llegar al pueblo, fuimos recompensados con un rico helado, de una nevería tradicional de Atlixco. Recorrimos la plaza y algunas partes de este Pueblo Mágico. Encontramos el coche y regresamos a la Ciudad de los Ángeles, Puebla.
Lo primero que hicimos fue comer. Me llevaron a una taquería. Pedí un pozole y 250gr de carne al pastor (un verdadero atascón); comí aproximadamente 7 tacos con tortilla de maíz tamaño estandard.
Después de medio documental sobre Michael Jackson, que pasaban en las TV’s del restaurante, dejamos el lugar e iniciamos nuestro camino al Complejo Cultural Universitario. Este lugar alberga diferentes foros culturales como centros de exposición, teatros y foros de danza, así como un cine, algunas cafeterías y restaurantes. Mientras dábamos una vuelta por el complejo, nos topamos con tres mimos, que no se pintaban la cara de blanco. Estos tres personajes se dieron un divertido show, de hecho me hicieron reír a carcajadas, e interactivo, en el que niños y adultos se vieron involucrados con la acción.
Terminó el show, llegó la hora de regresar a México. Me dieron un aventón a la Central y, casi inmediatamente salió mi camión al D.F. Casi tres horas después llegamos a la Central del Norte y es ahí donde me doy cuenta de la Nacosidad del mexicano…
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July 15th, 2009 at 7:25 pm
se te olvidó decir que hay sólo 3 container city en el mundo: una en holanda, otra en londres y la tercera evidentemente en cholulandia…
November 16th, 2009 at 12:53 pm
me podrias decir kdonde encuentro a esos mimos porfavor gracias saludos: