En algunos poblados de Perú, especialmente en los más pobres, se cree que, cuando las madres son violadas durante el embarazo, estas pueden transmitir su miedo y terror por la vida a sus hij@s al momento de amamantarlos. Esta creencia se originó durante la época del terrorismo a raíz de la exagerada violencia que se dio, especialmente entre los grupos más vulnerables. Al padecimiento que deriva del mito se le llama la “Teta Asustada”.
Fausta es una joven indígena “civilizada”, muy introvertida, que fue contagiada por su madre de “Teta Asustada”, lo que la lleva a tener un miedo patológico hacia los hombres, pensando que todos pueden violarla. El miedo a ser violada es tan grande que recurre a una práctica poco común, pero conocida entre algunas personas que vivieron en épocas del terrorismo: meterse una papa en la matriz y dejarla crecer; de esta manera nadie podría sostener un acto sexual voluntario o involuntario con ella (es como un cinturón de castidad muy precario).
El día que muere su madre, Fausta, mientras busca dinero para poder darle un buen descanso a su progenitora, iniciará un interesante viaje de auto-descubrimiento y entenderá que, como diría uno de los personajes: “Sólo la muerte es obligatoria, lo demás pasa porque queremos”.
Además de la creencia entorno a la que gira la película, la “Teta Asustada”, se pueden apreciar muchos otros aspectos de la cultura de las clases bajas del Perú, a través de una interesante y divertida boda, así como los convivios e interacciones que se dan dentro de la historia.
La producción de la película es bastante buena, a ligual que la fotografía y la dirección, que logra hacer que varios actores (probablemente improvisados y sacados de los mismos barrios) sea bastante creíble; definitivamente “La Teta Asustada” demuestra que sí se puede hacer un excelente cine en Latinoamérica, especialmente en Perú.




